Este Blog nace con algo de retraso respecto al acontecimiento en sí, a la toma de contacto, por lo que, digamoslo así, lo que ahora cuento es en diferido. Bueno, normalmente las cosas que uno cuenta en un blog son en diferido, pero para entendernos, esto es más en diferido todavía que una cosa en diferido, no se si me explico.
Lamentablemente uno tiene el tiempo justo y a veces ni eso y es por ello que la toma de contacto se produjo el Sabado en la noche.
Los hechos fueron de la siguiente manera:
Tras adquirir los susodichos patines, el sabado por la mañana, en la susudicha tienda patinera llamada "El Patín de Oro" (Aprovecho para decir que tanto el trato como el asesoramiento fueron muy buenos), llegamos a casa, a ocuparse cada uno de sus menesteres.
Llegada la noche, entre que síes y que noes, y tras habernos probado los patines en la seguridad que sólo es capaz de ofrecer un sillón, comenzamos a hacer nuestros primeros pinitos pasillo adelante y decidimos, con nocturnidad y alevosía bajar a la pista de patinaje-baloncesto y dejarnos llevar.
Y vaya si nos dejamos llevar. Uno detrás de otro hasta el suelo. En una especie de esperpéntico baile al estrilo Trhiller de Michael Jackson el que más y el que menos sufría por mantenerse en pie. Alguno incluso parecía que iba a echar a volar dado el frenético movimiento de sus brazos.
De esta primera sesión, cabe destacar el nuevo sistema de frenado en tres tiempos inventado por Alberto, que seguro que va a revolucionar el mundo patinístico.
Y así, entre unas cosas y otras nos dieron casi las dos de la mañana. ¡Como engancha esto de patinar!. Ya estoy con mono de más.
Lamentablemente, el material gráfico es escaso y de mala calidad dada la excitación del momento. Pero este hecho será subsanado para las próximas ocasiones. En cuanto pueda, pondré las fotos.
Seguiremos informando.
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